“El cientificismo”, una conferencia de Mario Bunge

Sostenía Isaiah Berlin que los pensadores y los artistas podían dividirse en dos grandes grupos, de acuerdo con una particular interpretación del fragmento del poeta Arquíloco “muchas cosas sabe la zorra, pero el erizo sabe una sola, y grande”. Así, según Berlin, el grupo de los erizos estaría formado por aquellas personas convencidas de la existencia de un principio ordenador, unificador y sistematizador de la rica experiencia de la vida humana en general, y de sus múltiples manifestaciones sociales, políticas y culturales. En cambio, en la carpa de las zorras estarían todos los convencidos de la imposibilidad de reducir la casi infinita variedad de lo real existente a un único conjunto de categorías genéticas y explicativas. Berlin pensaba que gente tan distinguida como Platón, Hegel o Dostoievski eran grandes erizos, en tanto que catalogaba en el predio de las zorras a figuras no menos célebres, deL estilo de Aristóteles, Shakespeare y Goethe.
¿Qué hubiera pensado sir Isaiah de un tipo como Mario Bunge, por ejemplo? Sospecho que hubiese tenido que idear un nuevo taxón ad hoc, tal vez el de las zorras erizadas, o el de los erizos zorrunos, vaya usted a saber. Una nueva categoría, ésta, diseñada ex profeso para una figura tan multidimensional como la del profesor Bunge. “Muchas cosas sabe la zorra” sería un buen frontispicio arquiloquiano para la enciclopédica erudición y la muchedumbre de intereses y pasiones intelectuales de don Mario. Al mismo tiempo, “pero el erizo sabe una sola, y grande” es una proposición que uno podría grabar, con permiso del ilustre profesor porteño, en la cabecera de su propia cama.
Tratar de reseñar una conferencia de Mario Bunge es tarea tan ardua como intentar encajar los contenidos de la Enciclopedia Británica en las dimensiones de un cuento de Jorge Luis Borges. El profesor Bunge practica una modalidad de acrobacia intelectual que le permite abordar un sinfín de contenidos –“muchas cosas sabe la zorra”- de una forma sistemática, casi geométrica, encajando tales contenidos dispares en los perfiles perfectamente definidos –“pero el erizo sabe una sola, y grande”- de una soberbia urdimbre de ideas, conceptos, definiciones, teoremas, demostraciones e hipótesis.
El pasado 30 de abril el profesor Bunge impartió una charla titulada “cientificismo” en la Facultad de Derecho de la UNED. Bajo este epígrafe, el ilustre pensador argentino desplegó una vez más algunas de las ideas-fuerza de su pensamiento, recogidas en lo fundamental en su obra magna en ocho tomos Tratado de filosofía básica, y en una versión más dietética en su libro Ser, saber, hacer. En efecto, el profesor Bunge obsequió a los presentes, durante una hora aproximadamente, con una intervención en la que abordó de forma sucinta pero muy jugosa algunas de sus ideas sobre ontología (el estudio de existencia de las cosas), gnoseología y epistemología (el estudio del conocimiento humano), axiología (el estudio de los valores), praxiología (el estudio de la acción humana), ética (el estudio de los valores morales), economía, psicología social, sociología, criminología forense y neurociencia cognitiva.
Muchas cosas sabe la zorra. Pero don Mario, viejo erizo, abordó esta variedad casi amazónica de temas desde el común denominador del “cientificismo” (en realidad, y mejor dicho, “cientifismo”, como el propio ponente se encargó de aclarar). En boca de otros, este concepto podría merecer una severa sanción moral por parte de ciertas almas sensibles y acomplejadas. Pero don Mario es mucho don Mario, y su visión cientifista de la múltiple realidad humana emana de un pasmoso sentido común, musculado en un activismo académico y social de decenios, sostenido en una erudición portentosa y conducido por los rieles de una recta guía moral.
Una guía moral concretada en la ética del agatonismo, que el profesor Bunge resume en el precepto “goza de la vida y ayuda a vivir”, y que define como una combinación de egoísmo con altruísmo y de utilitarismo con deontologismo. Ni Kant, pues, ni Bentham, sino una combinación lineal de ambos.

Marisa Marquina, Manuel Corroza, Antonia de Oñate y Juan Rodríguez, con Mario Bunge

Sentido común, desde luego. Pues el cientificismo no es sino la reivindicación del sentido común a la hora de abordar el estudio de la realidad, la preexistente a los seres humanos y la construida por éstos. Y el sentido común, en la gestión de nuestra propia ignorancia, pasa por la utilización del método científico; en realidad, de los métodos científicos. Partiendo del principio filosófico del realismo ontológico –esto es, existe una realidad externa al sujeto cosgnoscente- y de una epistemología aproximativa –podemos adquirir un conocimiento cada vez más cierto de la realidad exterior, aunque nunca será un conocimiento completo- el profesor Bunge aboga por la constitución de una metafísica científica, esto es, de la puesta a punto de un esfuerzo de identificación, clasificación y sistematización lógica de los conceptos que subyacen a toda formulación científica. Pues, como bien dice don Mario, “la investigación científica se desarrolla siempre en una matriz filosófica”. Nociones autoevidentes como “objeto” y “propiedades”, como “existencia” y “cambio”, como “sistema”, o “espacio” o “tiempo”, “vida” o “mente”, “individuo” y “sociedad”, “hecho” y “valor”, forman parte del utillaje elemental de la labor de las ciencias naturales y humanas. Y sin embargo, tales nociones son deudoras de un esfuerzo previo de clarificación filosófica. El cientificismo es, entonces, la actitud de sentido común en el abordaje de conocimiento aproximativo y cierto de una realidad que existe con independencia del sujeto cognoscente. Y esta actitud se aplica a una gran diversidad de objetos: desde la física de partículas a la distribución óptima de bienes y servicios en una sociedad desarrollada. La variedad de objetos de estudio conlleva la adecuación particular de la metodología de investigación, pero ésta será siempre científica –cientificismo, “el erizo sabe una sola cosa, y grande”- y por ello, racionalista y empirista.
Esta reivindicación del trabajo epistemico de los científicos va pareja con el rechazo de tres grandes corrientes de la filosofía del siglo XX, que, en opinión del pensador argentino, han resultado ser esfuerzos estériles: la hermenéutica (y su invocación de un acto mágico de comprensión intuitiva más allá de la razón), la fenomenología (y su entronización de la subjetividad del sujeto cognoscente como fuente legítima de conocimiento) y el existencialismo heideggeriano (y su colección de sinsentidos lingüísticos). Tampoco sale demasiado bien librado el positivismo lógico del Círculo de Viena que, de acuerdo con Bunge, contradijo sus pretensiones científicas con su epistemología puramente fenomenista.
Tan criticable como el fetichismo del lenguaje, que Bunge asocia también con la filosofía posmoderna francesa, es el fetichismo matemático, presente en la elaboración de modelos matemáticos apriorísticos sin validación empírica. Un vicio que, nos indica el profesor, se hace especialmente patente en la microeconomía neoclásica y su postulado de la decisión racional individual. Y en el particular bestiario de nuestro querido filósofo no puede faltar, en una especie de acto de justicia poética tratándose de un intelectual argentino, el psicoanálisis, una práctica pseudocientífica absolutamente infalsable en el sentido popperiano. O el marxismo, una filosofía que se desentendió en su momento de las novedades científicas más relevantes del siglo XX y que no ha conseguido articular un pensamiento verdaderamentre científico.
No obstante lo cual, Bunge muestra un empeño más que solvente en propiciar un locus indudablemente práctico a la filosofía a través de un decálogo de desafíos que la despierten de su ensoñación académica, que la liberen de su esclerosis escolástica y que la sacudan de su sopor autorreferencial y de su estancamiento (“la filosofía actual está estancada porque, con algunas excepciones, los filósofos sólo leen a otros filósofos”, Bunge dixit): la defensa de la investigación básica, la crítica de las pseudociencias y del posmodernismo, la puesta al día de la filosofía de la ciencia y de la técnica, la construcción de una metafísica científica, la potenciación de una filosofía exacta, el desarrollo de la filosofía práctica y el estímulo del enfoque científico de los problemas sociales son algunos de los trabajos herculanos que don Mario propone a este respecto.
¿Por qué queremos tanto a Mario Bunge, en definitiva? Sin duda, de lo expuesto más arriba uno puede extraer bastantes razones para sentir admiración por el viejo profesor. Pero quizás una de las más poderosas sea la claridad expositiva de su pensamiento y de sus propuestas teoricas, prácticas y éticas. La claridad es la cortesía del filósofo, decía Ortega, y en el caso de Mario Bunge, esta transparencia implica algo más que una cortesía. Implica un desafío. Bunge nos emplaza a no estar de acuerdo con él, casi nos provoca a disentir de sus puntos de vista. Y ahí reside la dimensión del desafío: cualquier alternativa a las formulaciones del pensamiento bungeano deberá tener, al menos, el mismo soporte argumental, lógico y racional que éstas.
Y eso no es fácil. No puede ser fácil.

Fuente: http://www.escepticos.es/node/3564

Mario Bunge: “Ciencias sociales con números”

“Governing Boom/Bust communities”, interesting research project at University of Alberta

Overview
Rapid growth and decay of rural communities has been a hallmark of Western Canadian development for decades. This is not necessarily problematic, and it may not be desirable to impose a rigid sustainability paradigm, but in many cases it has interfered with communities achieving desired outcomes and has resulted in environmental degradation. The link between these boom-bust patterns of change and the management of natural resource development is often strong, and is often presented as natural. We suggest that there are more resilient paths of development, even with a strong emphasis on natural resource development as a means of economic generation. Our central concept is governance, the taking of collectively binding decisions in networks of governmental and other actors; governance is understood as the result of the previous steps in governance; rules and roles emerge in this evolution, and influence the way new actors can find a role, and new policies, laws or plans will be implemented, or not.
Using a framework based upon evolutionary governance theory, which integrates theory from governance studies, institutional economics, environmental planning, legal studies, natural resource management, and development studies perspectives, we aim at a comparative study of towns in Alberta and British Columbia different phases of the boom and bust cycle. We intend to discern the impact of different governance policies and practices on the development pathways of small towns which are tied to resource industries. This can help to delineate interventions options which could be implemented to improve the patterns of future growth and development, as well as to improve how communities deal with downturns in their local economies. This research can lead to a larger theory of boom and bust and possible ways to tempering these cycles; such theory is not only of significant academic interest, but also of practical interest, as it can inspire governments at all levels, particularly municipal governments ,to consider governance options in a different, more nuanced way, that employs a diversity of policy tools to enhance both resilience and sustainability despite being tied to resource economies. Currently, there is a common reliance on rather generic ‘best practices’ or policy transfer from elsewhere. This however can be problematic as it does not necessarily reflect the local governance context well or the specific challenges facing the communities.
Without prescribing any formula for sustainable development, we believe it is possible to gain a deeper understanding of the options available for sustainable development, and for tempering boom/bust cycles. This can be achieved by analyzing pathways of governance including the present and absent forms of innovation in these paths and the spaces available for intervention in a given governance path, with its actors, institutions, power relations, and forms of knowledge.
Impact
A strong reliance on one natural resource can make governance paths more rigid and less susceptible to a deliberate intervention towards a more diversified future. For an understanding of possible tempering mechanisms, it is important to grasp the reduction of policy formation and implementation options that can take place when one industry or one company restructures governance, inserting forms of expertise, affecting power relations, influencing laws, policies, plans, and a selection process of like-minded people in politics and as residents. Not only does this undermine checks and balances, but also it can instill a degree of immunity against expertise and innovations that deviate from the worldview permeating the industry or company. Our hypothesis in this regard is that such immunity has two negative effects: the rigidity mentioned, and a neglect of environmental quality and community assets which could be used later in a new phase. Thus, resilience and reinvention options are threatened.
The impact of this study on academia can be the establishing of new linkages between disciplines in the analysis of boom and bust, and more broadly of sustainability planning and policy. More specifically it can help in the elaboration and testing of an evolutionary theory of governance in which these linkages are codified and stabilized. Policy-wise, the research can be valuable in increasing reflexivity with local governments regarding their steering options, regarding the cultivation and safeguarding of resilience.
The Team
The topic of boom and bust is not unique, but the approach is distinctive, by means of an interdisciplinary team, using the method explained below, and using an evolutionary governance theoretical perspective. At the same time, there are enough linkages with other existing perspectives and theories to maintain a place in mainstream academic discourse, and to borrow and possibly exert influence there (we mention post- modern public policy, institutional economics, environmental policy analysis, planning theory, public administration). The team consists of people with proven expertise in complementary fields: Lars Hallstrom [rural development, policy analysis], Monica Gruezmacher [natural resource management, development studies], Kristof Van Assche (governance & planning), Leith Deacon (environmental planning & policy), Kevin Jones (public administration, regional policy), Robert Summers (planning, institutional economics), Michael Granzow (cultural geography, sociology).

Source: http://www.crsc.ualberta.ca/What%20We%20Do/GoverningBoomBustCommunities.aspx

Polish-German Border Towns: Models of Transnationalism?

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Funded by the British Academy this project investigates the transformations of public space in interface areas of the German-Polish ‘twin towns’ of Frankfurt-Slubice, Guben-Gubin and Görlitz-Zgorzelec along the Oder-Neisse border. Despite modest populations, the border towns have major symbolic value for two nations attempting to write a new chapter in a modern history marked by war, trauma and deep resentments. The eastward expansion of the EU has propelled the towns from the margins to the heart of Europe. Cultural and socio-economic divisions nevertheless run deep. With the opening of the borders in 2007 changing physical realities are dramatically impacting possibilities of transnational interactions. This project offers the first comparative study of the border towns and specifically the role of spatial settings in cross-border exchange. This allows for a more contextual account of the relationship between social practice and place in German-Polish twin towns and sheds light on how communities use urban environments to cope with legacies of conflict and ongoing ethno-national difference.

Principal Investigator: Dr Maximilian Sternberg

Associated researcher: Lefkos Kyriacou

Photographer: Matthias Schumann (www.monofoto.de)

“Assembling for Development…” and “Globalization: capitalism and its alternatives”, by Leslie Sklair

First published in 1989, this book focuses upon the phenomenon of export-led industrialisation fuelled by foreign investment and technology. He concentrates on Mexico, where US companies have been taking advantage of inexpensive labour to establish “maquila” factories that assemble US parts for export. Through this detailed study of the maquila industry, Sklair charts the progress from the political imperialism of colonial days to the economic imperialism of today.

The book is the result of his research In the 1980s he carried out field research on the developmental impacts of foreign investment in Ireland, Egypt and (more intensively) China and Mexico. These works provided the material basis for Sociology of the Global System (published 1991, second updated edition in 1995, translated into Portuguese, Spanish, Japanese, Persian and Korean). A third edition completely revised and updated, of this book, Globalization: capitalism and its alternatives, was published by OUP in 2002, and Portuguese, Arabic and Chinese translations are forthcoming. His book The Transnational Capitalist Class (2001) is now in Chinese.

In this book, Leslie Sklair focuses on alternatives to global capitalism, arguing strongly that there are other futures that retain and encourage the positive aspects of globalization, whilst identifying what is wrong with capitalism. The book continues to offer a concise and illuminating treatment of globalization for all students and academics in understanding how the global system works.* Updated and refocused to consider global capitalism within the context of alternative futures, which encourage the positive aspects of globalization and identify the negative aspects of capitalism* The negative aspects of capitalist globalization are explored in a new critique and the class polarization crisis and the crisis of ecological unsustainability are considered* The book also presents a new analysis of a long-term alternative to global capitalism: the globalization of human rights* Very accessibly written, this book deals with a huge subject in a concise and illuminating way for a student readership.

Bellow are the content of this book. I´m particularly interested in the 8. Capitalist Globalization in Communist and Postcommunist Societies

1. Introduction

2. Thinking about the Global

3. From Development to Globalization

4. Transnational Corporations and Capitalist Globalization

5. Transnational Practices: Corporations, Class, and Consumerism

6. Transnational Practices in the Third World

7. The Culture-Ideology of Consumerism

8. Capitalist Globalization in Communist and Postcommunist Societies

9. Capitalist Globalization in China

10. Challenges to Capitalist Globalization

11. From Capitalist to Socialist Globalization through the Transformation of Human RightsIndex

Professor Leslie Sklair: Key researcher in Global Studies

Leslie Sklair is Professor Emeritus in Sociology at LSE. He received his PhD from LSE, and his thesis, Sociology of Progress, was published by Routledge in 1970 and was then translated into German. In 1973 he published Organized Knowledge: Sociological View of Science and Technology (which was translated into Spanish). In the 1980s he carried out field research on the developmental impacts of foreign investment in Ireland, Egypt and (more intensively) China and Mexico. He published Assembling for Development: the Maquila Industry in Mexico and the United States in 1989, with a second updated edition in 1993. These works provided the material basis for Sociology of the Global System (published 1991, second updated edition in 1995, translated into Portuguese, Spanish, Japanese, Persian and Korean). A third edition completely revised and updated, of this book, Globalization: capitalism and its alternatives, was published by OUP in 2002, and Portuguese, Arabic and Chinese translations are forthcoming. His book The Transnational Capitalist Class (2001) is now in Chinese.

Professor Sklair was a consultant to the United Nations Centre on Transnational Corporations in New York (1987-88); the ILO in Geneva (1993); the US Congress, Office of Technology Assessment (1991); and the UN Economic Commission on Latin America in Mexico City (1992). He was a Visiting Research Fellow: at the Center for US-Mexican Studies, University of California, San Diego (1986-87; 1990); the Centre of Asian Studies, Hong Kong University (1994); and the School of Sociology, University of New South Wales, Sydney (1995). In addition, he held Visiting Professorships at the Department of Sociology in New York University (Spring 1993); and University of Hong Kong (1994). New School University in New York (2002) , University of Southern California (2004) and Strathclyde University (2005-2008). He has lectured at universities and at conferences in the UK, Europe, North, Central and South America, Egypt, China, Hong Kong, Korea, Australia and Jamaica.

Professor Sklair is currently the President of the Global Studies Association and also on the International Advisory Board of the ESRC funded major project ‘Cities in Conflict,’ based at Cambridge University.

Professor Sklair’s current research project, “Iconic architecture and capitalist globalization”, builds on his previous work on “Globalization and the FORTUNE Global 500”, which was partly based on interviews with major corporations around the world within a theoretical framework that recasts the relationship between global capitalism, classes, consumerism and the state. The architecture project focuses on how the transnational capitalist class uses iconic architecture.

Source: London School of Economics

ourouHe is on the Editorial Advisory Boards of Review of International Political Economy, Social Forces, and Global Networks, and served as Vice-president (Sociology) of the Global Studies Association.

Gdansk, from shipbuilding city to outsourcing city.

I stumbled across this article on Gdansk local economy. It is worth mentioning how the city is becoming a center of outsourcing as well as other Polish cities over the last decade. I do believe that this model of development requires more deep research from social science point of view. I just want to quote the said by the major of the city on how this “boom” is “rebranding the city”:

“This is absolutely rebranding the city,” said Paweł Adamowicz, mayor of Gdansk. “It is hugely important. We lack the finance, the capital of western cities. But we offer something extra, something competitive. We offer our brains, our intelligence.”

Mr Adamowicz said the outsourcing industry accounts for as much as 30 per cent of the city’s economy, and is its fastest growing.

The question is: is outsourcing a step forward or back for local economies? In this other article it is said that Goldman Sachs expands operations in Poland as a growing IT hub. The reasons are openly stated: “affordable labor force” (low salaries), “tax incentives” (basically not paying for the operations) and “large IT graduate pool” (young demographic structure people willing to get low salaries).

Poland is a growing IT hub for financial institutions in Europe due to its affordable labor force, tax incentives and large IT graduate pool, according to a report from Rule Financial, the U.K.-based investment banking consultancy acquired last year by German technology company GFT Group.
Wages are lower in Poland than in many other major economies in the European Union. UBS Group AG, Bank of New York Mellon Corp.

Desarrollo y capital social. ¿Por qué algunas regiones no prosperan?. Parte II.

Pego aquí íntegro el artículo de Jorge Armesto titulado “Así nos roban: técnicas de saqueo municipal”. Sin duda, una forma de explicar cómo la falta de capital social entendida como la ausencia de normas y valores comunes, es hoy el principal problema de desarrollo local en muchos pueblos. Su realismo y su análisis del funcionamiento de las administraciones locales y, sobre todo, en pequeños y medianos pueblos, me ha parecido fascinante. Puede que no sustentada con evidencias empíricas pero es toda una fuente de hipótesis y preguntas de investigación:

De vez en cuando en televisión un rojillo afirma: “La corrupción es sistémica”. Entonces alguien, generalmente del PP, se cubre con la máscara de la indignación y, desde el pedestal ético construido por su partido, contesta: “¿Estás llamando corruptos a los 26.000 concejales de mi partido? ¿A esas miles de personas abnegadas que están en pueblos pequeños trabajando y desviviéndose por sus vecinos?”. El rojillo se la envaina y dice: “No, no, a esos claro que no”. Aunque en su fuero interno piensa: “Sí, a todos. Del primero al último”.

Lo primero que llama la atención es que parece que nadie se ha parado a pensar que cuando únicamente se ponen como ejemplo de abnegación y honradez los concejales “de los pueblos pequeños”, parece deducirse que nada bueno se puede decir de los “de los pueblos grandes”. No seré yo quien niegue esto. Si los propios adalides del PP dan por hecho que los concejales y alcaldes de ciudades y capitales son indefendibles y están enfangados hasta el tuétano, no es cosa de llevarles la contraria. Hablaré solo de “los pequeños”.

¿A quién se venden las cosas?

Un ayuntamiento es posiblemente el actor económico más importante de su territorio. Su influencia como generador de riqueza en el tejido local no es comparable a ninguna otra empresa o entidad. Por poner un ejemplo, un ayuntamiento de un pueblo de 20.000 habitantes puede recibir al cabo del año entre 5.000 y 6.000 facturas de todo tipo: productos de limpieza, herramientas, mobiliario, material de obras y oficina, repuestos mecánicos, ropa de trabajo, productos de ofimática, papelería, imprenta. Materiales de carpintería, construcción, fontanería, electricidad, trofeos, camisetas, gomas de borrar, carteles y trajes de rey mago.

Tal vez nosotros no imaginemos la enormidad de esta lista. Pero el alcalde la conoce muy bien. Sabe que uno de los pilares fundamentales de su reelección es el cuidado con que realice cada uno de estos gastos. Y ni uno solo se deja al azar: todos los jefes de servicio saben en qué comercios se deben adquirir estos objetos.

Alcaldes y concejales tienen un trato preferente. Habría que ser un mezquino para cobrarle un cambio de aceite a quien envía a tu taller toda la flota municipal de vehículos

Hasta importes de 18.000 euros, estas facturas no necesitan de ningún procedimiento de fiscalización previa. Los ayuntamientos medianos, en sus bases de presupuesto, establecen una cantidad (suele ser una cercana a los 1.200 euros) a partir de la cual el gasto debería ser aprobado previamente. Pero este trámite se suele soslayar y, además, no implica control alguno. Es mero papeleo. En la práctica eso significa que el 100% del gasto corriente en suministros se hace de modo arbitrario. Todo desagua en los establecimientos de familiares, militantes o donantes del partido. Las facturas acostumbran a tener un sobrecoste. Algunos son razonables y otros disparatados. Nadie controla si lo que se adquiere está en los precios de mercado y ni siquiera que se suministren las cantidades u objetos que se facturan. ¿Quién va a mirar si había 20 sacos de cemento o 15? Eso sí, en la factura sí había 20. En algunos negocios, el peso del ayuntamiento como comprador es tan importante que no es extraño que un cambio de gobierno traiga aparejado un cambio de dueño en establecimientos tan estratégicos como imprentas, droguerías o ferreterías y éstas acaben en manos de familiares o amigos cercanos de los nuevos gestores. Alcaldes y concejales aleccionan a los funcionarios sobre dónde se puede adquirir cada cosa. Desde almacenes de materiales de construcción a tiendas de Todo a Cien. Todo suma. Todo vale.

Es habitual que se le pregunte al encargado de la compra: “¿Es para ti o para el ayuntamiento?”. Si es para este último el precio se eleva. Puede parecer banal que una grapadora le cueste a una institución pública el doble que a un particular. Pero cuando multiplicamos esa diferencia por las miles de facturas que se pagan al año, la cuestión deja de ser tan baladí. Por supuesto, alcaldes y concejales tienen un trato preferente. Habría que ser un mezquino para cobrarle un cambio de aceite a quien envía a tu taller toda la flota municipal de vehículos. Y como eso, todo. Reformas en su casa, muebles, ordenadores gratis. Cualquier cosa, hasta la más ínfima, se les regala. Se acostumbran a no pagar por nada, a comer de gorra en los restaurantes. Los comerciantes beneficiarios también son generosos donantes de las campañas. Tanto en metálico como en especie. Las imprentas, las empresas de megafonía, de alquiler de carpas, de organización de eventos, les hacen gratis la campaña electoral. Previamente ya habrán pasado alguna factura desorbitada por cualquier otra cosa.

La red mafiosa se extiende por todo el comercio y la industria local. De haber varios proveedores del mismo ramo a los que premiar, se reparte en función de lo que aportan a la causa. Hay muchas decenas de miles de euros que fluyen incesantemente, muchas familias, muchos empleados viviendo del dinero público. En los días previos a las elecciones se pronuncian veladas amenazas: “Si pierden estos, nos bajan los ingresos y tendré que despedir gente”. Comerciantes y empresarios reparten las papeletas de votación a sus empleados en sobre cerrado. Estos siempre tienen la sospecha de que “tienen un tono de color diferente” para que los apoderados del partido que vigilan las mesas las reconozcan el día de la votación. Las empresas señaladas como de la facción política contraria subsisten como pueden castigadas por una competencia desleal. Muchas se rinden y tienden puentes: aceptan el chantaje. También están dispuestas a pagar, a donar, a subvencionar. O eso, o la ruina.

Alcaldes y concejales buscan que hasta el último euro que gestionan recaiga en “el pueblo”. O al menos en el reducido círculo de beneficiarios que ellos consideran “pueblo”. Jamás se compra nada a una empresa foránea a menos que haya un comisionista local. No importa si esto encarece el presupuesto. Pongamos que hay que comprar unos focos para el teatro que sólo pueden surtir empresas especializadas. En ese caso, si se puede, mejor es que los compre la tienda de bombillas local, propiedad de algún amigote, y luego los revenda al ayuntamiento.

¿Cuánto valen las cosas?

Como en los supermercados, todo acaba en 9. Existen números mágicos que se repiten en las adjudicaciones de toda España.

Las obras y servicios valen por norma general 49.000 euros. La razón es que hasta 50.000 se dan a dedo a quien se quiera. Si sobrepasan esa cantidad entonces pasan a costar 199.000. Entre 50.000 y 200.000 euros la adjudicación se hace por el llamado procedimiento negociado sin publicidad. O lo que es lo mismo, es el ayuntamiento el que elige a tres empresas a las que le solicita presupuestos. En estos casos lo habitual es que sea la empresa a la que se va a favorecer la que aporta los otros dos presupuestos que obliga la ley. Pueden ser del mismo dueño, empresas pantalla u otras reales con las que se llegó a un acuerdo de reparto o de subcontratación. En otras ocasiones, la mesa de contratación municipal busca dos empresas que, ya sea por su pequeño tamaño, por su inexperiencia o por su falta de solvencia, sabe positivamente que presentarán la documentación incompleta o errónea.

En los ayuntamientos pequeños son raras las obras que sobrepasan los 200.000 euros. Cuando es así, deberían adjudicarse por el “procedimiento negociado con publicidad”. Es decir, que cualquiera podría optar a ellas. Para evitarlo, habitualmente se fraccionan las obras en fases de 199.000. Esto es ilegal y fraude de ley, pero nadie lo suele denunciar. Todo se puede hacer en fases: desde tejados hasta aceras. Las explicaciones rayan en lo cómico. Así, el concejal de obras de Málaga aportó esta nueva genialidad a la historia de la contratación pública: “No hay fraccionamiento porque lo que se ha dividido no es el contrato para construir un parque en el Benítez, si no el dinero del que se disponía”. Exacto, el papel del contrato seguía de una pieza. Ahí estaba el folio enterito para quien quisiera comprobarlo.

La acusación de que se ponen en peligro puestos de trabajo por “peleas políticas” está siempre en el aire

Existe otra modalidad: los contratos de servicio que cuestan 119.000. La razón es que a partir de 120.000 existe la “exigencia de clasificación” a las empresas. Por debajo de esa cifra, puede ser cualquiera.

Aprovecho para animar a quien esto lea a quebusque las cantidades de las adjudicaciones en sus villas y pueblos. Se sorprenderá de la frecuencia con que aparecen estas cantidades.

¿Cuándo se gasta?

Las elecciones municipales son siempre en mayo. Ese año, en los primeros días de enero, los concejales peregrinan al Departamento de Intervención para que les apunten con una flechita las cantidades que se pueden gastar de las partidas de sus presupuestos. Desde entonces, en una carrera contrarreloj, tienen cuatro meses para vaciarlas todas. Es lo habitual verlos preguntándose: “¿Qué podemos pintar?”, ¿hay que comprar algo para el polideportivo?”. El qué se compra es lo de menos. Las partidas deben agotarse. El mayor flujo de dinero posible debe revertir en “el pueblo”. Puede ser la última oportunidad para las comisiones. Es la mejor época para los gastos absurdos o las ideas disparatadas. Ningún concejal es tan estúpido como para dejar dinero en el presupuesto que podría gastarse otro si ganase las elecciones. Incluso aunque su propio partido pudiese ganar, no siempre es seguro que fuese a ocuparse de la misma responsabilidad. Mejor no dejar nada.

Esto ocurre cada cuatro años. En un año no electoral, el mismo proceso se da en los meses de otoño, cuando se está a punto de cerrar el presupuesto. Tras el verano se produce la misma peregrinación y todos solicitan informes del estado de las partidas para vaciarlas a conciencia. El objetivo es llegar a 31 de diciembre a cero. O mejor aún, en negativo. En la lógica municipal, cuando un concejal deja un año una partida presupuestaria sin gastar, esta desaparece del presupuesto del año siguiente. Puesto que no se usó, no debe ser importante. Así se anima al gasto irreflexivo y al cortoplacismo: cuánto más se gasta, más puede crecer la partida presupuestaria el año siguiente.

¿Por qué todo esto es impune?

En primer lugar existe un pacto tácito de no agresión entre los partidos del régimen. Si tú no hurgas en mis cosas yo no hurgo en las tuyas. Pero es que, además, no es tan sencillo. Si la mayoría de las ilegalidades tiene como beneficiarios a vecinos de la localidad, ir contra la ilegalidad es ir, de facto, contra los vecinos. La acusación de que se ponen en peligro puestos de trabajo por “peleas políticas” está siempre en el aire. Para la oposición, en este terreno pantanoso hay mucho que perder y poco que ganar.

Interventores y secretarios carecen ya de capacidad para controlar todo este flujo enorme de malgasto y cohecho. Dirigen departamentos con escasez de medios y personal. En los ayuntamientos más pequeños ni siquiera se contrata a interventores, pues la ley no lo obliga, y es el secretario quien, en teoría, debería realizar ambas funciones. Puesto que carece de tiempo material para controlar todas y cada una de las decenas de facturas que entran cada día, sólo pide explicaciones cuando existen sobrecostes escandalosos. Aún así, siempre hay modo de justificarlos.

Secretarios, interventores, aparejadores, arquitectos municipales, estuvieron dotados en otro tiempo de autoritas. Bendita democracia, ahora ya son tan víctimas de mobbing y acoso como cualquiera. Empieza a ser común que se les aparte de sus funciones y se los someta al escarnio popular. La acusación de que “paralizan el funcionamiento del ayuntamiento” por la “excesiva burocracia” es frecuente. Los ciudadanos los ven como unos tiquismiquis que le ponen pegas a todo e impiden el flujo de inversiones. Lo cierto es que lo único que paralizan, de un modo muy limitado, es la adjudicación ilegal. Cuando “todo” se paraliza, simplemente es porque “todo” es ilegal. Secretarios e interventores, que son el único débil dique ante la corrupción, son demonizados entre los ciudadanos. Aprenden con el tiempo a pelear sólo las batallas que pueden ganar y a dejar pasar algunas cosas para poder discutir otras. Saben que su fiscalización es casi siempre inútil.

Cuando los ayuntamientos realizan gastos que no se ajustan a la ley, el interventor pone un “reparo”. El reparo se levanta por medio de un decreto que firma el alcalde. Habitualmente ni se molestan en motivarlos y son de copia y pega. En un ayuntamiento mediano el número de “reparos” que se levantan en una legislatura puede llegar a varios centenares. Estos “reparos” se comunican al Tribunal de Cuentas, donde llegan por decenas de miles. Nunca ocurre nada.

De todos modos, siempre es mejor que los informes estén a favor. Para eso se contrata como personal laboral a asesores externos. Si tu arquitecto o tu aparejador es demasiado escrupuloso con la legalidad, siempre habrá otro al que se contrate a dedo y al que no le importe decir que hay un pantano donde se eleva un monte. Los funcionarios con oposición están aislados en despachos a los que no llega ni un triste expediente, mientras los contratados informan positivamente todo lo que se les pone en las manos. Lo mismo ocurre con interventores y secretarios.

Es necesario hablar de las políticas de contratación de personal que son el verdadero soporte del sistema. El poder se encarga de quitarle importancia a estos asuntos. Se ven como algo disculpable, algo que está en la naturaleza humana. “¿Acaso tú no enchufarías a tu hermano si está en paro? ¿Quién no lo haría?”, vienen a decir. La realidad, desgraciadamente, es menos amable. Los puestos de trabajo valen dinero. El más cotizado es el de funcionario. Pongamos que enchufamos de auxiliar administrativo a un chaval de 27 años. Cobrará 21.000 euros al año durante 40 años hasta su jubilación. Eso, con aumentos y trienios, supone que a lo largo de su vida ganará cerca de un millón de euros. ¿Y alguien regala un millón de euros? Ese valor hay que compensarlo: tiene un precio. Por eso es tan habitual ver en los ayuntamientos a los hijos balas perdidas de los empresarios locales. Aquellos tarambanas que no fueron capaces de otra cosa encuentran su acomodo en la administración previo pago de las aportaciones que sean necesarias. También influye el tamaño de la unidad familiar. Enchufar a un chaval soltero garantiza un voto: el suyo. Enchufar a uno con pareja, con padres y hermanos ambos cónyuges garantiza más de una decena.Puede parecer banal, pero no lo es: todo se estudia, todo se cuida.

Los trabajadores públicos colocados a dedo por el poder son el engranaje necesario para que el flujo del dinero corra

Se puede afirmar que no hay ni un solo puesto de trabajo que dependa de las administraciones locales pequeñas y medianas que no se dé de modo arbitrario. Ni uno. La inexistencia de control es total. Los exámenes o las preguntas se le proporcionan al premiado. Por si acaso aún así falla (no se trata precisamente de lumbreras) se deja para el final una entrevista en la que se le valora subjetivamente. Previamente se han adecuado los méritos a su perfil. Los puestos de trabajo se cuidan de igual modo que la compra de grapadoras. Todo debe recaer en alguien “del pueblo”. Desde un humilde contrato de dos meses para abrir la caseta de turismo, hasta un arquitecto contratado. Cada puesto tiene un precio y un coste. Por la caseta de turismo quizá solo se exija subordinación y fidelidad. Por ser arquitecto, bastante más. Cada ayuntamiento tiene a una cuadrilla de funcionarios, siempre los mismos, que se encargan de valorar todas las oposiciones del año. Este negociete apenas conocido puede reportar de 250 a 300 euros por cada examen. Al cabo del año la cifra no es desdeñable y supone un buen sobresueldo por colaborar con tus jefes corruptos.

En los últimos tiempos, con la caída de la oferta de plazas de funcionario, se ha generalizado otro modo de hacer fijos a los contratados laborales. Los ayuntamientos encadenan más de tres contrataciones parciales consecutivas para la misma función con lo que, si el trabajador denuncia, la ley obliga a hacerle un contrato fijo. Así, este empieza a ser el modo habitual de “contratación” y los ayuntamientos están en pleitos permanentes que pierden una y otra vez, pagando indemnizaciones a los enchufados que les han “denunciado” y sosteniendo, de paso, a los bufetes de abogados amigos que hacen su agosto por perder juicio tras juicio. En el colmo de la desfachatez el ayuntamiento encarga trabajos (por ejemplo, informes de arquitectura) a los mismos trabajadores que “ha despedido” y le “han denunciado” y con los que todavía está pleiteando. El trabajador temporal cobra sus informes mientras “está despedido”; recibirá más adelante la indemnización; será readmitido como fijo; y los abogados amigos pasarán sus minutas. Todo el mundo gana.

Con el tiempo, si una fuerza política es hegemónica, la diversidad ideológica de los funcionarios desaparece y el ayuntamiento se divide entre los directamente cómplices de la arbitrariedad y los que prefieren tomar un perfil plano, lo más invisible que se pueda para no meterse en líos. Los escasos héroes que se enfrentan al sistema padecen un acoso salvaje. Así se entiende por qué no hay controles sobre lo que surten los proveedores amigos. Los trabajadores que hacen de lacayos cada día informan favorablemente facturas falsas, otras desorbitadas u otras con conceptos falsos que ocultan el verdadero gasto. Si los suministros tienen calidades pésimas y se rompen, no importa, ya se comprarán más. Los funcionarios honrados se asombran de que los cartuchos de tinta de la fotocopiadora se agoten en dos días. Los que se encargan de su compra saben que la obsolescencia forma parte del negocio. Los trabajadores públicos colocados a dedo por el poder son el engranaje necesario para que el flujo del dinero corra. El enchufismo no es una solidaridad mal entendida. No: se trata de una organización en la que el nepotismo y la arbitrariedad en la contratación de personal son imprescindibles para el saqueo generalizado del dinero público.

¿Por qué pierden todos?

La población sabe esto. Los votantes, mal que bien, lo saben. Pero han aceptado la justificación del poder según la cual, al fin y al cabo, las irregularidades sirven para que hasta el último euro recale “en el pueblo”. De hacer las cosas legalmente, quién sabe, entrarían trabajadores de otros lugares o las obras las acometerían empresas foráneas. Piensan, al fin, que tal estado de cosas es necesario. Que sin él las cosas irían peor. Y si bien es cierto que algunos se benefician mucho más que otros, así es como el dinero fluye.

Sin embargo, las cosas no son así y ésta es únicamente la justificación que los corruptos han hecho crecer en una población resignada. Voy a poner un ejemplo muy gráfico: dos pueblos celebran los carnavales. En el primero, el concurso de disfraces es justo y gana el mejor. Grupos de todas partes, algunos multitudinarios, participan. Compiten charangas enormes y espectaculares. Las calles se atestan de visitantes y el comercio y la hostelería lo agradecen. En el segundo pueblo, el jurado cuida de que los premios recaigan en los grupos locales. Los foráneos dejan de acudir. El nivel cae y con los años el desfile se convierte en un paseo de algunos tipos con disfraces comprados en los chinos por calles semidesiertas.

Esto mismo puede aplicarse a todo: a la industria y al comercio. Los adalides de la libre competencia sostienen un sistema en el que algunos privilegiados no necesitan competir y juegan con cartas marcadas. Los nuevos proyectos no pueden enfrentarse exitosamente a empresas que reciben el flujo constante de las inversiones públicas por hacer un trabajo más caro y peor. El nivel general baja. La usurpación de todos los puestos de trabajo por parte de incapaces penetra en la subcultura dominante del lugar (el meme) acentuando la idea de que son sólo los mediocres los que prosperan. El talento huye. Las buenas ideas son incapaces de crecer. El hecho de que el mérito no sea un factor para contratar a las personas con responsabilidades hace que las personas de mérito emigren. Todo se contamina: si los profesores de las escuelas municipales son unos lerdos, ¿qué aprenderán los alumnos? ¿Qué cultura puede crearse en la base cuando la gestionan desde arriba los incultos? Las constantes vitales bajan. Se crean menos cosas y son peores. Hay menos músicos, menos actores, menos emprendedores de cualquier cosa. La sociedad civil se degrada, pierde vitalidad, el talento solo emerge fuera. Se crean distinciones para honrar a los exitosos exiliados y poder vivir durante un día en la ensoñación de que forman parte del cuerpo social que los exilió.

El lugar se anquilosa, se revela incapaz de ser polo de atracción por nada. Gobernado por una mafia que se rige únicamente por una lógica de comisiones cortoplacista mira como si fueran marcianos a otros lugares que innovan, ya en el urbanismo, en la energía o en los servicios. Si el concejal de medio rural escribe “violojía”, ¿promoverá la agricultura biológica? El comercio y la industria agonizan, la población decrece, los ingresos por impuestos menguan, el flujo de dinero disminuye, con lo que cada vez es menos lo que llega fuera del círculo de poder. La espiral de degradación se acentúa entonces, cada vez más y más.

Lector, ¿conoce algún lugar así?