Category Archives: Urban sociology syllabus

Intergroup Monopoly, game to explore the dynamics of group-based inequality

Intergroup Monopoly (created by Richard Harvey, shared by Vanessa Woods) Intergroup Monopoly is an action teaching game that modifies the classic Monopoly board game to explore the dynamics of group-based inequality. In Intergroup Monopoly, players begin with unequal amounts of money and are given individualized rules that reflect differing degrees of privilege or disadvantage. For example, a privileged player might receive $350 rather than the standard $200 for passing Go, whereas a disadvantaged player might be permitted to move only half the amount rolled on each turn. During this initial phase of the game, disadvantaged players quite often fall into substantial debt. In a second phase, “equal opportunity” is implemented and all players are permitted to play by normal Monopoly rules. What the players typically discover, however, is that even under conditions of equality, formerly disadvantaged players continue to decline and struggle with debt. This discovery leads to a classroom discussion about how to effectively address the enduring effects of prior group-based disadvantages.

Further instructions https://www.apa.org/pi/ses/resources/publications/intergroup-monopoly-woods.pdf

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Urban sprawl and identity. The case of post war Madrid (In Spanish)

This article,  see Original source, reflect on the urban spraw of Madrid in teh context after the civil war in Spain, and how neighbor municipalities were adhered to the capital and lost their identity due to political and belic reasons. Indeed, today Madrid center consists of only one municipality, compared to, for instance, Copenhagen, where the city centre counts with different ones, so called kommune. Does this fact impacted the identitfy and social cohesion of both cities? Another interesting question is, to what extend is it possible to achieve a desirable social cohesion when certain urban centres lack of political administration. Think about new urbanizations, but also about pre-modern territories which never gained the status of municipalities. I am now thinking about the parish in Galicia. The municipalites were traced artificially in the XIX by just drawing a line around certain urban centres. Yet, many places and villages had their own dinamic but never become a political reality.


PABLO RIVAS

@CEBOTWIT
PUBLICADO2019-01-20 06:31:00


PUBLICADO2019-01-20 06:31:00

Anexion Municipios 1

Suroeste de Madrid en 1944. Mapa: Instituto Geográfico Nacional

Entre 1948 y 1954 la capital anexionó una docena de municipios de su extrarradio, un proceso cuyas consecuencias llegan hasta nuestros días.

Pueblo de Carabanchel Bajo! La anexión de nuestro término municipal al de Madrid, que desde primeros de siglo se había producido materialmente por la continuidad de edificaciones, por la trabazón de vida y de servicios, ha llegado a convertirse en acuerdo […]. El decreto de 9 de enero de 1948, por el que este acto jurídico quedó perfeccionado, ha de ser acogido por la tradición y por la hidalguía de los carabancheleros como decisión trascendental en la que culminan los desvelos del jefe del Estado por redimir a esta población, que ya en 1940 se apresuró a adoptar para reconstruir, sobre las ruinas gloriosas de los baluartes bélicos, un trozo en el solar patrio en el corazón de Castilla y en el centro de España”. Así reza el comienzo del último bando que un alcalde de Carabanchel Bajo daría jamás a sus conciudadanos. Era el 27 de abril de 1948 y Rufino Goñi, regidor saliente, fue el encargado de la triste despedida, aunque en el texto se esforzase en terminar con un institucional “¡Viva Carabanchel Bajo en el Gran Madrid! ¡Viva Franco, que lo forja para engrandecimiento de España!”.

Sí, Franco “adoptó” a Carabanchel Bajo, Villaverde y otros pueblos “descarriados” de la geografía madrileña donde se mantuvo el pulso al ejército sublevado durante la práctica totalidad de la contienda. Fue la fórmula elegida por el organismo Regiones Devastadas para designar a las 102 localidades que habían sufrido una destrucción de su término municipal superior al 75%. Y, por supuesto, con hidalguía o sin ella, los carabancheleros no dijeron ni pío ante el hecho de que la ciudad de Madrid se comiese su pueblo. En plena posguerra el horno no estaba para consultas municipalistas ni participación ciudadana. Como apunta el historiador Antonio García Martín, los ayuntamientos nominados a desaparecer y los vecinos a anexionar asistieron al proceso “como invitados de piedra” y se encontraron de la noche a la mañana siendo ciudadanos capitalinos de pleno derecho.

MULTIPLICAR POR NUEVE LA CIUDAD

Trece fueron los municipios que fueron agregados a la ciudad de Madrid entre 1948 y 1954. En palabras de García, autor de Proceso de anexión de los municipios limítrofes de Madrid, “la importancia de este proceso solo puede compararse con el derribo de la cerca y proyecto de ensanche de la ciudad diseñado por el ingeniero Carlos María de Castro un siglo antes”, plan del que nacieron distritos actuales de la capital como Chamberí, Retiro o Salamanca.

Carabancheles 1935
Carabanchel Alto, en primer término, en 1935. Detrás, la Colonia de la Prensa y Caraanchel Bajo.

Para ver la magnitud de la operación de anexión, no hay más que echar un vistazo a las cifras. Entre 1948 y 1954 el término municipal pasa de 68 km2 a 607. Se multiplica por nueve, aumentando sus habitantes en 330.000 personas, con un total de 1.843.705 almas en 1955. Pudo ser aún mayor. 25 municipios llegaron a estar nominados —Alcobendas, Alcorcón, Pozuelo de Alarcón, Leganés o Boadilla del Monte entre ellos—. La rifa estuvo dando vueltas en los despachos desde comienzos de siglo XX, pero serían Chamartín de la Rosa, Carabanchel Alto, Carabanchel Bajo, Canillas, Canillejas, Hortaleza, Barajas, Vallecas, El Pardo, Vicálvaro, Fuencarral, Aravaca y Villaverde finalmente los agraciados.

Son pueblos donde hoy no hay pueblos. “Perdieron su identidad, se convirtieron en distritos”, indica la historiadora y secretaria general del Instituto de Estudios Madrileños, María Teresa Fernández Talaya. Pero, a pesar de una guerra que, en su mayor parte, los golpeó de lleno, y de una ciudad y una especulación que los sacudieron aún más, aún hoy es visible esa atmósfera de antiguo núcleo rural en algunas zonas. “Quedan cosas, claro. Fuencarral o El Pardo en el norte, por ejemplo. Fuencarral es la que menos perdió su identidad, el pueblo sigue existiendo, con su mentalidad de pueblo, su patrona y sus fiestas patronales”, señala Fernández. También siguen en pie muchas de las colonias municipales que se crearon en los años 30, como la de Nuestra Señora de las Victorias, por aquel entonces en el término municipal de Chamartín de la Rosa. Pero otros prácticamente sucumbieron: “Vicálvaro ha tratado de no perder su identidad, sobre todo con el trabajo de la Asociación [de Investigación Histórica de Vicálvaro] Vicus Albus, pero la van perdiendo, indudablemente”.

CAPITAL DEL CAPITAL

Los planes urbanísticos para la expansión de Madrid venían sucediéndose desde mediados del XIX. El citado Plan Castro, aprobado en 1860, es la primera gran extensión organizada de la ciudad —el ensanche—, por la que se crea una nueva urbe que rodeaba el casco histórico por el norte, el este y el sur. Pero la industrialización, la creación de grandes infraestructuras y la conversión de la ciudad en, como señala García, “la capital del capital”, propiciaron la llegada de una inmigración que se fue asentando en el extrarradio desordenadamente, sin ningún tipo de planificación urbanística y especialmente en las inmediaciones de caminos y carreteras. Con los años el fenómeno fue llegando a las puertas de las poblaciones contiguas a Madrid. De ahí los sucesivos intentos por organizar esa expansión que la ciudad pedía a gritos: el plan de Núñez-Granés de 1909, el Plan Zuazo-Jansen de 1929 o el Plan Besteiro, presentado en 1939 —ninguno de ellos llevado a cabo—, fueron los más representativos.

Castellana y Chamartín
Prolongación de la Castellana, entonces avenida del Generalísimo, en 1941 con Chamartín de la Rosa al fondo a la izquierda.

Y llegó la guerra, con su devastación, y la victoria franquista, con su ideario nacional-católico y centralizador. “El proceso planificador durante la primera etapa del franquismo es un proceso centralizador”, señala Rafael Fraguas, periodista y escritor que ha llevado a cabo una investigación sobre la anexión de los municipios por parte de Madrid. “El objetivo es satisfacer el deseo de expansión de la ciudad, que está creciendo, y solucionar un enorme problema que se ha planteado en función del desenlace de la guerra, porque la devastación de grandes zonas rurales del país ha provocado un éxodo hacia las grandes ciudades y Madrid es una de las que va a recibir población”. Si Madrid venía creciendo, tras la guerra lo hará más, con “un fenómeno enorme de infravivienda y chabolismo que va a acompañar el desarrollo madrileño durante muchos años”, señalaba Fraguas durante su ponencia el 11 de diciembre en el ciclo La creación del Gran Madrid: anexión de municipios limítrofes, que se ha desarrollado entre octubre y diciembre en el Museo de Historia de Madrid.

El Plan General de Ordenación de Madrid, aprobado en 1946 y desarrollado por Pedro Bidagor, es el primer planeamiento urbanístico cumplido que incluye el extrarradio de Madrid. “Bidagor es encomendado por Pedro Muguruza, el gran arquitecto del régimen de Franco, para que desarrolle el plan”, explica Fraguas. “Mano derecha de Secundino Zuazo —corresponsable del Plan de Extensión de 1929—, que en estos años está prácticamente deportado por sus sintonías republicanas, toma su herencia y sus planes de expansión hacia el norte”. Se buscaba extender la ciudad a las grandes áreas despobladas entre el extrarradio y el término municipal. Es el Gran Madrid impregnado de “capitalidad” centrada en la exaltación de los valores tradicionales y nacionalistas, la gran megaurbe española, una de las ideas base del plan de Bidagor. Como opina García, “el Gran Madrid nace preñado de ideología, pero en el sentido negativo del término, es decir, cuando esta se impone a la realidad, de tanto repetirlo el discurso social de posguerra”.

FRANCO TIENE MIEDO

El contexto en el que se produce la anexión no era el mejor para el régimen. El maquis estaba actuando a 60 kilómetros de Madrid, en la Sierra de Malagón, y una incipiente guerrilla urbana antifranquista había entrado en escena. La situación internacional tampoco era la que Franco hubiese deseado. “Acaba de terminar la II Guerra Mundial y tiene miedo a ser derrocado, incluso se hace construir un búnker en una galería de tiro debajo de la plaza de la Marina, donde hoy está el Senado”, relata el periodista. El dictador desconfía del Madrid del “no pasarán”. “El régimen consideraba que la ciudad había sido desleal, republicana toda la contienda”, añade el escritor. Incluso Ramón Serrano Suñer, el Cuñadísimo —apodo que obtuvo por ser cuñado de Franco—, uno de los principales artífices del régimen en sus primeros años, planteó llevar la capital a la leal Sevilla.

Los municipios a anexionar habían sido, como la capital, desleales a la cruzada fascista. Como resalta Fraguas, “habían permanecido en la esfera de la República y ninguno se había alzado”. Es una de las variables que apunta el escritor para su elección como pueblos a anexionar. En esas localidades, y sobre todo en sus asentamientos populares, “había una frontera de tipo ideológico y simbólico, ahí vivían los rojos, ahí se alzaron contra el alzamiento y ahí mantuvieron el tipo durante tres años ejércitos de albañiles en Usera y en Vallecas”.

Anexion municipios 2
Mapa del nordeste de Madrid en 1944, con Hortaleza, Canillas, Canillejas y Vicálvaro. Mapa: Instituto Geográfico Nacional.

La gran capital tenía, además, una competidora directa. Barcelona llegó en los años 30 a superar a Madrid en las esferas demográfica, económica e industrial. Fraguas, además de otros historiadores como Fernando de Terán, apuntan a la superación de la capital catalana —que ya había culminado su plan de agregación de municipios que comenzó mucho antes, en 1897— como una de las principales motivaciones del plan de anexión. “Franco estaba obsesionado con esa pujanza que Barcelona había conseguido en los años 30 —relata Fraguas—, no quiere destruir el emporio catalán pero quiere emularlo y superarlo, y así es como lo consigue”.

DE LA ANEXIÓN A LA BURBUJA

Así, la fiebre por conseguir la gran capital de la España nacional-católica y castellana se llevó consigo a los pueblos donde vivían las clases populares que le habían desafiado en un proceso cuyas consecuencias llegan hasta nuestros días. “La anexión va a suponer un trasiego muy grande de suelo —indica el periodista—, y ese suelo pertenece sobre todo a sectores de la aristocracia”. La nobleza, históricamente monárquica, es paulatinamente apartada del poder político por la República, un proceso que continuaría el dictador, pero no le arrebata todo: “Franco también la descabeza del poder político, pero le otorga un poder económico importante”. Los movimientos de compraventa de suelo, el encarecimiento del precio del mismo y la expansión de la ciudad son, para el escritor, “el germen de la especulación”, un proceso que llega hasta nuestros días. “Hay un capital industrial que apuesta y extrae esa plusvalía del trabajo para generar riqueza, pero hay otro capital especulador que adquiere con el tiempo la hegemonía y que va a sentar las bases de desórdenes a los que hemos asistido y estamos asistiendo”. Se produce así una importante y gradual revalorización del suelo del extrarradio, utilizado ahora para uso residencial e industrias con este capital. “Franco permitirá a esa clase aristocrática que negocie con el suelo, un suelo que se va a convertir en un producto comercializable, ya que va a requerir una serie de infraestructuras. Sí, considero que ahí está el origen de la especulación a gran escala”, remarca.

Su opinión, sin embargo, no es compartida por María Teresa Fernández. “Yo no creo que tenga nada que ver, no creo que en la zona norte de Madrid se hayan anexionado pueblos para luego crear grandes colonias de lujo”, apunta la historiadora, quien sí ve como posibles “errores” algunas anexiones. “En Vallecas, por ejemplo, fue muy interesante la anexión: el pueblo estaba ya prácticamente en Madrid, era el granero de la ciudad, tenía los terrenos y cultivaba lo que la ciudad necesitaba. Traían leche y estaban la vaquerías. Fue una incorporación muy positiva para Madrid y para Vallecas, pero a lo mejor otras no fueron tan necesarias, como Fuencarral o El Pardo”. 
Erróneo o no, lo cierto es que la operación de anexión supuso un antes y un después para la ciudad, y sentó las bases del Madrid de hoy. Una urbe partida en dos por un muro invisible que separa a un noroeste próspero —arbolado, rico en agua, de suelo granítico y residencia y destino de veraneo tradicional de la burguesía— de un sureste pobre —seco, sin masas forestales, de hidrología pobre y suelo yesífero—, algo a lo que, como finaliza Fraguas, contribuyó el planteamiento del régimen en los años 40 y 50: “La zonificación propuesta por los proyectistas y urbanistas del franquismo asignó a las clases acomodadas y a la aristocracia residual áreas residenciales extraordinariamente orientadas y aireadas en el norte de la ciudad y, para las clases subalternas, el sur y el este”. Nada que suene desactualizado en el Madrid del siglo XXI. LOS TRECE CAÍDOSChamartín de la Rosa. 1948. La villa que creció junto al palacio de los Duques de Pastrana fue la primera en ser anexionada.Carabanchel Bajo. 1948. Antiguo retiro vacacional de la aristocracia, ya estaba físicamente unido a la capital en el momento de su anexión.  
Carabanchel Alto. 1948. Al contrario que su hermano homónimo, mantenía cierta vida agrícola en el año en que pasó a formar parte de Madrid. 
Barajas. 1950. La inauguración del aeropuerto, en 1931, marcó la anexión del pueblo, a pesar de ser uno de los más lejanos sobre los que pesaba la amenaza. 
Canillas. 1950. El núcleo antiguo de la pequeña villa rural de Canillas, famosa por su vino moscatel, apenas tenía un centenar de habitantes a principios de siglo.Canillejas. 1950. La villa situada junto a la carretera de Aragón, con 10,06 km2, es el término municipal más pequeño de los trece anexionados.Hortaleza. 1950. El pequeño pueblo de Hortaleza fue el municipio que menos población aportó a Madrid: 1.518 habitantes.Vallecas. 1950. A pesar de ser una importante villa, el conocido entonces  como ‘granero de Madrid’, no se libró de ser anexionado al ‘Gran Madrid’.Aravaca. 1951. Aún hoy separado de Madrid, el pueblo de Aravaca estaba situado junto a la carretera de La Coruña.Fuencarral. 1951. La villa al norte de la capital aún hoy mantiene cierto ambiente de pueblo en su núcleo antiguo.El Pardo. 1951. La anexión de El Pardo tuvo más que ver con motivaciones políticas —en su palacio se asentó Franco— que funcionales.Vicálvaro. 1951. Vicálvaro dejó de ser un municipio en 1951, pero ya en 1884 perdió parte de su territorio en favor de Madrid. Villaverde. 1954. El último en ser anexionado fue prácticamente destruido durante la Guerra Civil. 

“The Future of Cities”, documentary


<p><a href=”https://vimeo.com/195304295″>The Future of Cities</a> from <a href=”https://vimeo.com/ohboyson”>Oscar Boyson</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

 

“Why we bike?” Documentary

To the Dutch, cycling is as normal as breathing. We don’t think about it, we just do it. Perhaps the fact that we don’t think about it, is the key to the bicycle’s success in this country. But because we do not give cycling a second thought, we don’t really know what the deeper needs of cyclists are. In the documentary ‘Why we cycle’ we take a ride with ordinary cyclists and specialists from a variety of disciplines. These conversations uncover some obvious, but even more hidden effects of cycling on people, on societies, and on the organization of cities.

Rush Hour, a documentary on “hypercommuters” today

Rush Hour Synopsis: A feature documentary about the odyssey involved in commuting to and from work in three large contemporary cities: Los Angeles, Istanbul and Mexico City. Rush Hour is an intimate approach to the personal stories of three commuters who spend hours of their lives going from home to work and back, reflection a common reality shared by billions of people. What is the impact of these lost hours on their relationships an their quality of life? What really direves them to make this journey every day? What does this say about our cities and our way of living them? This is not inherent of a specific area of the world, neither it has to do with gender or class, but rather it is a global issue that has to do with the way we have developed and conceived our largest cities.

Further info: https://www.citylab.com/life/2018/05/awful-commuting-unites-us-all/560624/?utm_source=SFTwitter

 

“City, Street and Citizen The Measure of the Ordinary” by Suzanne Hall

How can we learn from a multicultural society if we don’t know how to recognise it? The contemporary city is more than ever a space for the intense convergence of diverse individuals who shift in and out of its urban terrains. The city street is perhaps the most prosaic of the city’s public parts, allowing us a view of the very ordinary practices of life and livelihoods. By attending to the expressions of conviviality and contestation, ‘City, Street and Citizen’ offers an alternative notion of ‘multiculturalism’ away from the ideological frame of nation, and away from the moral imperative of community. This book offers to the reader an account of the lived realities of allegiance, participation and belonging from the base of a multi-ethnic street in south London.

‘City, Street and Citizen’ focuses on the question of whether local life is significant for how individuals develop skills to live with urban change and cultural and ethnic diversity. To animate this question, Hall has turned to a city street and its dimensions of regularity and propinquity to explore interactions in the small shop spaces along the Walworth Road. The city street constitutes exchange, and as such it provides us with a useful space to consider the broader social and political significance of contact in the day-to-day life of multicultural cities.

Grounded in an ethnographic approach, this book will be of interest to academics and students in the fields of sociology, global urbanisation, migration and ethnicity as well as being relevant to politicians, policy makers, urban designers and architects involved in cultural diversity, public space and street based economies.

Source: https://www.routledge.com/City-Street-and-Citizen-The-Measure-of-the-Ordinary/Hall/p/book/9780415688659

France Plans an Extreme Makeover for Struggling Small Cities

FEARGUS O’SULLIVAN MAY 2, 2018                        Source: CityLab
Action Coeur de Ville aims to undo the damage of urban sprawl in more than 200 city centers across the country.

France’s city centers are about to get one of the biggest makeovers in their history. Following an announcement last month, the country is launching a vast €5 billion ($6.1 billion) plan called Action Coeur de Ville (Action: Heart of the City) intended to revamp 222 city cores over the next five years with new stores, offices, co-working spaces, and renovated housing.

The amount of money and the sheer number of cities involved in the plan are impressive, and they reveal something little discussed outside France. Despite the country’s justified reputation for urban charm, many French city cores are in a bad state. They got that way through a string of mistakes that will seem eerily familiar to North Americans.

The idea that many French cities are struggling might seem jarring to many people. Walk around the heart of Paris—or major cities such as Nantes or Strasbourg—and you’ll be struck by their apparent success. The streets bustle and are well peppered with small businesses and markets, while housing stock is attractive and in largely good condition.

Go further down the population scale to what the French call Villes Moyennes—“average cities” with populations between 15,000 and 100,000—and that’s where you’ll find failure in the French urban core. These cities are demographically significant and economically vital. They contain 23 percent of France’s population and 26 percent of its jobs. Right now, however, they’re not doing well. Taken together, they report poverty and vacancy rates higher than the national average, lower rates of young graduates, and an unemployment rate that’s a worrying 82 percent higher than France’s as a whole.

Map of the cities participating in Action Coeur de Villes, viewable in larger format here. (Ministère de la Cohésion des territoires)
Some of these problems can be explained by deindustrialization. Many of these medium-sized cities are in France’s now-beleaguered former industrial heartland in the Northeast. Much blame must still be laid at the door of France’s longstanding attitudes to planning. Smaller cities have been laid low partly by an extremely relaxed attitude to urban sprawl, one that has sucked life out of city cores and left many key activities out on the periphery, only really accessible by car. This might not seem a classically French phenomenon, but France isn’t just reflecting a trend to sprawl that’s common across the West. In smaller cities, it has arguably exceeded its neighbors.

That’s because when France moved toward classic 20th century car-friendly infrastructure planning, it moved early and it moved hard. With a large domestic car industry, post-war France was a European trailblazer in creating a nationwide network of out of town malls and retail parks, all well connected to what was then considered an exemplary new highway network.

The country (along with Belgium) was a pioneer of the big-box store, rolling out huge shopping complexes called Hypermarchés that sold everything from clothes to croissants since the 1960s—a phenomenon that didn’t emerge in Britain or Germany until the 1980s or later. It wasn’t just retail that left town centers. Amenities like sports centers and employment agencies—and in cases such as Besançon, even railway stations—also moved out by municipal decree toward the new beltways, creating a situation where the first announcement of arrival in any French city today is not a city wall or fringe of villas but a rampart of parking lots and home improvement stores.

 

The southwestern city of Bayonne, pictured here, will receive funds from Action Coeur de Ville. (Regis Duvignau/Reuters)
So why did France’s smaller cities develop such an appetite for sprawl? According to Oliver Razemon, author of Comment La France a Tué Ses Villes (“How France Killed Its Towns”), the driving forces are a combination of France’s late urbanization and cultural assumptions pushed through the education system.

“100 years ago, most French people were still living in the countryside,” Razemon told CityLab. “This creates a very different attitude in France to, say, Germany or Italy, where the cities are often far older than the recently founded nation state. In France, by contrast, there is not much attachment to towns as elsewhere.” France’s political system may also have contributed to this attitude. When the country was divided into new units called départements after the revolution, it was partly a process of rationalization and partly an attempt to break down historic regional ties between districts and replace them with a structure governed by appointees from central government. This wasn’t a process designed to create closer affiliation to smaller cities.

“The last government thought it was just about shops. This current government at least realizes it is about amenities and housing, too.”
The French, Razemon says, have also been taught that their country has an overflowing bounty of spare room. “French people have long had the feeling that theirs is a big country, and that therefore there is a lot of space to do whatever you want. Certainly that’s what was being taught 40 years ago, that France was a very big, extremely geographically diverse place.”

There’s some justification to this attitude. Compared to the non-coastal U.S., France may seem heavily populated, but by Western European standards it has a remarkable spaciousness. The comparison of Metropolitan France (that is, subtracting the country’s overseas territories) with the U.K. is instructive. Both countries have a similar population—65.6 million in the U.K. versus 65 million in Metro France—but France’s land area is more than two-and-a-half times greater. As France’s direct self-comparisons are mainly with the neighboring, densely populated Low Countries, Southern England, and Western Germany, it’s understandable that the French have felt that they had a bit of developmental wriggle room. France’s now egregious-seeming tendency to sprawl also had an optimistic bent to it 50 years ago. The country was moving away from a rather grim, poverty-stricken early 20th century and wanted to acquire the best trappings of modernity, which in the 1960s and ‘70s was commonly felt to mean more cars and more car-tailored conveniences.

The effects of unchecked development have still been clearly detrimental in smaller cities. The smaller businesses that France is famous for—and often still thrive in major cities—have closed wholesale, as jobs move to the urban periphery away from the restaurants and cafés they would have sustained if they worked in city centers. As a result, Razemon notes, butchers and bakers have been shuttered in many city centers, replaced by tattoo parlors or pawn shops, or simply left empty. In places such as the far-northern city of Arras (included in the new action plan) vacancy rates have hit 20 percent of all real estate. And while historic buildings are still kept in largely good condition, public squares have been taken over by parking lots. Meanwhile 19th and early 20th century structures are often rundown, leaving parts of even rather beautiful old quarters (such as Perpignan’s) with a reputation as undesirable, low-quality places to live.

The city of Auxerre, about 100 miles southeast of Paris, also stands to receive money from the scheme. (Charles Platiau/Reuters)
What makes this process more striking is that France has made a sow’s ear out of a silk purse—its urban treasure chest is still rich in beauty. Away from the world war battlefields, traveling from one town to another feels like running down a thread of jewels in which each stone is distinctive and delightful. When it comes to sheer consistency of charm, only Portugal’s smaller cities can really match France’s trove within Europe, and only Italy’s can surpass it.

A look at the cities included in the action plan bears this out. Look at this improbably grand square plonked in the middle of humdrum Angoulême (population 42,000), the Germanic half-timbered houses along the riverside in the Alsatian city of Colmar (68,000), the dramatic hillside setting of Laon (25,000) or the grid-planned orderliness of late-medieval Villefranche de Rouergue (12,000). Even cities in regions less commonly thought to be picturesque, such as far northern Bethune (26,000) turn out to be rich in character and variety.

Not all of these cities are struggling, of course. Towns that have a large flow of tourists do well, as do very remote cities (where people have stayed downtown) and places where mountains or lakes hem in the potential for sprawl. But many still need a reboot.

 

“Paterson” A film that chronicles beautifully banal life in a post-industrial district

Thoughts about how urban design impact our lifes

Just read this article and found so interesting ideas on how urban design impact society and what can be done to avoid increasing inequality. Here I just noted some additional thoughts. I am also thinking of how does it work in a wider scale, for instance, how regional infraestructures reinforce certain inequalities. The same with regard to environmental restoration projects.

Bearing how people socially construct space in the urban planning process:

“There is a need to redesign the designers, and to give them the tools and competencies to work within social constructs and spatial contexts that they are meant to serve. Designers spend much of their academic and professional training to build the spatial, technical, communication, and critical-thinking skills that are needed to do the difficult work of transforming spaces and places. They use their skills, often with good intentions and ‘best practices,’ toward results that may not align with what is needed or wanted in a given context.

Public space is something more than a good design, it is also about having social meaning

“Public spaces alone will not create the vitality and empathy we seek in and from our cities. Universally designing for everyone can create homogenized, soulless places that have all people in mind but have meaning or use for no one.”

Not only interdisciplinarity is needed in urban design but also public and socially diverse participation

“Projects in the public realm need to be informed not only from more disciplines but from more kinds of people. Artists, misfits, outsiders, elders, immigrants, people of color, and women have been leading community development efforts in unconventional ways, partly because they have not been invited to the table and also because their varied lived experiences offers something more or counter to the standard advanced for our civic commons, parks, plazas, and other urban public assets.

“The space between who is considered an expert and who is typically on the margins of conversations about public space needs to be collapsed. If that happens I think cities will feel, function, and be designed with multiple points of view, engendering spaces that promote social mixing and most importantly social equity.

 

Places to reinforce social capital, to make people come together to have open conversations

“For example, there are so many more private pools than there are public pools. There’s also the inability for us to maintain branch libraries, which are really community centers for a lot of neighborhoods. We need places that people come together to have open conversation about current issues. Immigrant communities are interesting to look at because this welcome-unwelcome feeling is very inherent to their experience in their city. It has nothing to do with design, necessarily, but design can reinforce that invitation.”

Four urban conditions of vibrant city life and reflection on megaprojects

Assuming the bellow showed Jacobs´ urban conditions of vibrant city life and that urban megraprojects tend to make urban spaces more homogenous due to the concentration of a particular service or user profile, do megaprojects kill vibrant city life in a long term?

Jacobs argues that vibrant activity can only flourish in cities when the physical environment is diverse. This diversity, she says, requires four conditions. The first is that city districts must serve more than two functions so that they attract people with different purposes at different times of the day and night. Second, city blocks must be small with dense intersections that give pedestrians many opportunities to interact.

The third condition is that buildings must be diverse in terms of age and form to support a mix of low-rent and high-rent tenants. By contrast, an area with exclusively new buildings can only attract businesses and tenants wealthy enough to support the cost of new building. Finally, a district must have a sufficient density of people and buildings.

Jacobs, J. (1961). The death and life of great American cities. Vintage.

Source