Green gentrification in Barcelona: is it fair the disbribution of access to urban natural spaces?

Rosa M. Bosch writes this interesting article (in Spanish) in La Vanguardia on “green gentrification” in Barcelona. The sociologist and geographer Dr. Isabelle Anguelovski has analyzed how has changed the socioeconomic profile of people living near gardens and parks created in Barcelona between 1992 and 2000. The study suggests that the new areas have attracted wealthy neighbors and move away poor ones. Importantly, the article also echo the fact that Amguelovski will conduct a new cross national research, funded by EU (Starting Grant from European Research Council) with 1.5 million euros, in which the situation of 20 cities in Europe will be compared with other US 20. They will “make a ranking of environmentally fairer populations and determine their social impact and health”.

¿La distribución del acceso a los espacios naturales urbanos es justa? ¿La naturaleza beneficia a todos? En algunas zonas del Poblenou o la Barceloneta la respuesta es no. Esa es la conclusión a la que ha llegado un equipo de investigadores del Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals (ICTA) de la UAB, liderado por la socióloga y geógrafa Isabelle Anguelovski, que ha analizado cómo ha variado el perfil socioeconómico de las personas que residen junto a 18 parques y jardines creados en Barcelona entre 1992 y principios de la década del 2000, en Sant Martí, Sant Andreu, Nou Barris, Ciutat Vella y Horta-Guinardó.

Vecinos de Nueva York, Boston o Portland hace años que batallan contra la “gentrificación verde”, proceso que se produce cuando la población original de un enclave de clase media o media-baja es desplazada por nuevos habitantes con mayor nivel adquisitivo que llegan atraídos por las mejoras que ha experimentado gracias a la implantación de áreas verdes. El precio del alquiler y de venta de inmuebles, ya convenientemente reformados, sube y las clases más vulnerables no tienen otra opción que marchar.

En Evaluando los impactos de la gentrificación ambiental en barrios históricamente vulnerables de Barcelona, Anguelovski utiliza seis indicadores: inquilinos con título universitario; inmigrantes no comunitarios y los procedentes de países ricos; residentes de más de 65 años solos; incremento de la renta de los habitantes, y valor de la vivienda. Hay gentrificación verde cuando confluyen tres de estos parámetros, como ha pasado en los parques del Poblenou y Nova Icària, ambos en Sant Martí, y en los jardines Príncep de Girona, en Horta. “Los cambios demográficos más importantes se han manifestado en el parque del Poblenou donde los vecinos con un mínimo de una licenciatura que viven a 100 metros de la zona verde aumentó en un 689% frente al 139% del conjunto de Sant Martí. También en los parques de las Cascades, Port Olímpic, Nova Icària y Carles I hubo un incremento, del 473%, frente al citado 139% de Sant Martí y el 127% de Ciutat Vella, de 1991 al 2001”, dice Anguelovski. Asimismo, los ingresos de las familias más cercanas al parque del Poblenou subieron en cinco años un 20,53% frente al 2,8% de media del conjunto de Sant Martí, y los extranjeros llegados de países del norte crecieron un 3.791 % en comparación al 228% de todo el distrito.

Sant Martí, y en concreto el Poblenou, es la zona de Barcelona donde se aprecia más este fenómeno. “El reverdecimiento de este ámbito del litoral ha ido acompañado de promociones inmobiliarias. Mientras que en barriadas estigmatizadas de Nou Barris o de Sant Andreu no ha habido gentrificación, sino todo lo contrario, sospechamos que han sido las que han recibido a los ciudadanos pobres expulsados de sus barrios”. Teniendo en cuenta que vivir cerca de una zona verde mejora la salud, tal como ha demostrado el Centre de Recerca en Epidemiologia Ambiental (Creal) de Barcelona en varios estudios, el ICTA pone estos datos al servicio de las administraciones para promover justicia ambiental.

Y para profundizar en este nuevo campo, Anguelovski coordinará desde Barcelona un extenso trabajo, financiado por la UE (Starting Grant del European Research Council) con 1,5 millones de euros, en el que se comparará la situación de 20 ciudades de Europa y otras 20 de EE.UU. “Haremos un ranking de las poblaciones ambientalmente más justas y determinaremos su impacto social y en la salud”, concluye Anguelovski .

Advertisements

CENTRO Y CENTRALIDAD EN CONTEXTOS URBANOS, por Manuel Delgado

Texto de Manuel Delgado, extraído de El Cor de les aparences. Mi aportación al final, con un link a la bibliografía mencionada.

He leído algún comentario derivado de lo que dije a propósito de la centralidad política en la entrevista que me publicaron en vilaweb hace unos días y he visto que esa idea de centralidad política puede confundirse, como concepto, con la de centro político. El editorial de El País de hoy, 18 de agosto, insiste en ese malentendido. Nada que ver. En la vida social, el núcleo de la actividad, el epicentro desde el que actúa la creatividad de las dinámicas sociales, está casi siempre no en el centro físico o topográfico de nada, sino al contrario, en lo que podrían antojarse sus márgenes o sus límites. A nivel político hay varias ilustraciones teóricas en esa dirección. Si se clica en google “centro centralidad” aparecerán varios artículos en que se insiste en la identificación entrecentralidad y hegemonía. Así, “¿Disputar el centro o la centralidad política?”, de Mariám Martínez-Bascullán, o “Centralidad no es centro”, del mismo Pablo Iglesias.

Como contribución a ese desmentido, me permito aportar una visión procedente de Henri Lefebvre, que suele emplearse en ciencias sociales de la ciudad y que distingue entre centro urbano y centralidad urbana.  No hace falta que se explique qué es el centro de una ciudad. En Barcelona, el centro de la ciudad es la Plaça de les Glòries, pero es un centro carente de centralidad. ¿Qué es un centro urbano, no como centro físico de una ciudad, sino en el sentido de espacio dotado de centralidad? En el plano funcional, se entiende que la centralidad de un área urbana debe propiciar una serie de relaciones eficientes entre los elementos que componen una determinada estructura territorial, para lo cual da forma y condensa una amplia gama diferenciada, pero articulada y complementaria, de entidades, dispositivos y actividades. Pero desde una perspectiva que entendiera la centralidad en términos sociales, está remitiría a lo urbano mismo como centralidad. Henri Lefebvre nos subrayaba en La revolución urbana (Alianza) que esa centralidad de lo urbano no tendría centro, no estaría o no tendría por qué darse en un lugar céntrico. Es el espacio urbano el que, al intensificarse, genera centros, pero constituye en sí mismo un vector nulo, puesto que en él “cada punto, virtualmente, puede atraer hacia si todo lo que puebla los alrededores: cosas, obras, gentes”. La centralidad urbana es simultaneidad de percepciones, de acontecimientos, puesto que es la forma concreta que adopta “el encuentro y la reunión de todos los elementos que constituyen la vida social.”

En el marco general definido por todo tipo de procesos negativos de dispersión, de fragmentación, de segregación…, lo urbano se expresa en tanto que exigencia contraria de conjunción, de reunión, de redes y flujos de información y comunicación… Es así que la centralidad de un lugar sería el escenario donde vemos activarse una compleja red por la que circulan, de manera constante y generalizada, intercambios e interacciones, pero también campo de confrontación de diferencias y de apropiaciones compartidas. Es también un polo saturado de valores compartidos o compartibles. Me remito, al respecto, al capítulo “El centro urbano”, del libro de Manuel Castells Problemas de investigación en sociología urbana (Siglo XXI).

Ah, y ante todo, vindico un libro que para mí tuvo una virtud iluminadora: el de Alfonso Álvarez Mora y Fernando Roch, Los centros urbanos (Nuestra Cultura). Es de 1980 y no se encuentra en librerías, pero merece la pena buscarlo en librerías de viejo —en la calle o la red— o en bibliotecas. Allí se explica cómo el centro urbano puede y debe estar cargado de centralidad social, en tanto que la sociedad está ahí, en un —copio— «espacio de todos y de nadie, lugar a un tiempo de paseo festivo y del pasar cotidiano, de la fiesta, del trabajo y de la revolución; síntesis del orden y de la subversión, camino abierto del trabajo, de la compra y del estudio, esto es, de la reproducción y camino roto por las barricadas; lugar de las conductas pautadas y de los comportamientos marginales, espacio de lo cotidiano y de lo excepcional, lugar de cita de lo vulgar y lo misterioso, de lo viejo y de lo moderno. Espacio de la reproducción del sistema y a la vez espacio de la contestación del orden establecido, lugar de permanencias y de mutaciones, del orden y de su negación; espacio equipado sin “equipamientos” porque es un compendio de todo lo necesario y de lo superfluo». Un espacio viviente.

Es verdad que, como acabo de recordar, a pesar de los esfuerzos por desactivarlos, los centros históricos suelen coincidir con los centros provistos de centralidad urbana, tal y como acaba de ser descrita. Esos esfuerzos consisten en intentar aislar los cascos antiguos de las ciudades para recrear en ellos una cierta atmósfera de autenticidad, lo que requiere trasladar funciones y dinámicas que conceden centralidad fuera de ellos, incluso a la periferia. En eso han consistido la políticas urbanísticas de dispersión en el territorio de organismos, servicios y actividades que generaban centralidad: las “ciudades” sanitarias, judiciales, universitarias…, lejos del centro; los grandes mallscomerciales en nudos de autopistas; la expulsión de las cárceles fuera de los cascos urbanos; las ciudades-dormitorio que permitían exiliar a una clase obrera siempre dispuesta a convertir los barrios populares céntricos en fortines de resistencia; los espacios abiertos y alejados destinados a grandes concentraciones lúdicas o festivas. Me viene a la cabeza el caso del sandrómo en Rio de Janeiro… Es también el caso de las “nuevas centralidades” artificiales, como las que se pretenden abrir en la Sagrera o Diagonal Mar en Barcelona.

Esa voluntad de extirpar la centralidad de los centros históricos, para consagrarlos al simple consumo de pasado, puede ser del todo explícita. Así, uno de los artífices del supuesto “modelo Barcelona”, Oriol Bohigas, escribía: “Nuestras ciudades necesitan una doble intervención simultánea y coordinada: rehabilitar el centro histórico, actuando en ellos a fondo y dar ‘centralidad’ —urbanidad, identidad, monumentalidad, espíritu colectivo, participación politica— a la periferia”. Esto está en “La reconstrucció de la ciutat”, en Bruno Gabrielli et al., La ciudad històrica dins la ciutat (Ajuntament de Girona). Al respecto, cabe decir que esa meta de desproveer a las ciudades viejas de centralidad no siempre se ha obtenido o se ha conseguido solo parcialmente, es decir para ciertos recintos acotados. Es obvio que los avances en la tematización turística y consumista de los centros monumentalizados han neutralizado muchas de sus antiguas cualidades de centralidad, pero no por ello han podido siempre esconder su ingrediente fundamental, que no es otro que la condición intrínsecamente alterada y conflictiva de la vida urbana.

La centralidad es fuente fundamental de sentido en la configuración de una sociedad urbana. En efecto, la centralidad supone el apogeo espacial de la acción social urbana, aquella que cualquier orden político querría someter a constante escrutinio, pero que en la práctica se convierte en el escenario asiduo de todo tipo de desviaciones o desafectos respecto de los códigos dominantes. Se reconoce centralidad cuando en un lugar se concretan todas las variables de sociabilidad que un universo complejo puede generar, entre ellas. y sobre todo, las vinculadas a su dimensión más conflictual. La centralidad en una ciudad o en cualquier sociedad está siempre donde están sus luchas.

References

ÁLVAREZ MORA, A., & ROCH, F. (1980). Los centros urbanos. Edit. Nuestra Cultura. Madrid, 47.

Castells, M. (1975). Problemas de investigación en sociología urbana.

Lefebvre, H. (1991). The production of space (Vol. 142). Blackwell: Oxford.

Lefebvre, H. (2003). The urban revolution. U of Minnesota Press.

“Bye Bye Barcelona” #masstourism #globalization

Bye Bye Barcelona is a documentary about a city and it’s relationship with tourism, about the difficult coexistence between Barcelona and it’s people with tourism and tourists. It is a documentary that exposes through the thoughts of some of it’s residents, the grave effects that mass tourism has in the city. You can watch this documentary from beginning to end, or you can watch it through it’s chapters and at your own rhythm. It’s sole purpose is to serve as counterweight to the much repeated idea that tourism is a win-win business. This documentary is about what we lose because of it.

Social impact of mass tourism in Barcelona

“Welcome tourists, the rent of holiday apartments in this neighbourhood destroys the local socio-cultural fabric and promotes speculation. Many local residents are forced to move out. Enjoy your stay”

c6321345e5b990f17dd145b898208e0d