Combustión de carbón para la generación eléctrica en España

Para completar el panorama, la combustión de carbón para la generación eléctrica se mantiene como una de las fuentes a las que más se recurre. Según elobservatorio de la electricidad de la organización WWF-Adena, en junio pasado esta fuente lideró el llamado  mix eléctrico, superando a la nuclear, con un 26,8% de la generación española. En agosto se ha mantenido alto, casi un 20%.

Source

Advertisements

“¿Cómo la sangrienta historia de España dio lugar a la mayor concentración de ascensores del mundo?”

Cuando uno piensa en España lo que primero se le viene a la cabeza es la palabra ascensor, ¿o puede que no?. Pues bien, lo cierto es que razones no faltan. Como se puede observar en el siguiente gráfico, el número de ascensores por cada mil habitantes es clara y comparativamente más alto en España que en el resto de países estudiados.

La alta propensión a vivir en pisos podría ser vista a simple vista como la causa más lógica. En 2012, aproximadamente el 65% de la población residía en pisos o apartamentos, porcentaje claramente superior al 46% de la media europea y sólo comparable a países como Letonia o Estonia.

Sin embargo, es importante tener en cuenta otros factores, como la mayor predisposición de los españoles a vivir en régimen de propiedad, tal y como se deduce del siguiente grafico. Sólo Irlanda parece aproximarse al ratio español, si bien hay que tener en cuenta que sólo un 5% de irlandeses reside en pisos.

Ahora bien, dicha predisposición no responde necesariamente a ningún tipo de tradición cultural, como se suele argumentar. Tanto es así que a la altura de mediados del decenio 1950-1960, menos de la mitad de la población vivía en régimen de propiedad. Proporción que se incrementaría hasta el 80% a lo largo de la segunda mitad del siglo XX.

¿Cómo ha sido eso posible? La respuesta se encuentra en gran medida en una serie de factores de tipo político que tienen su origen en el régimen franquista. En primer lugar, es importante subrayar los devastadores y duraderos efectos que toda guerra suele tener en el parque de viviendas y que, en ese sentido, la guerra civil española no fué una excepción. Por otro lado, antes incluso de haber comenzado las hostilidades, España había experimentado importantes flujos migratorios del campo a la ciudad. Fenómeno que se reanudaría una vez finalizada la guerra civil y que acabaría por agudizar aún más la escasez de viviendas urbanas.

Mientras tanto, el régimen de Franco, en un intento por mejorar su apoyo popular, llevó a cabo fuertes regulaciones en las políticas de alquiler a partir de la Ley de arrendamientos urbanos de 1946. Así lo describía el economista del banco central Juan Mora-Sanguinetti en 2011:

Las intervenciones fueron severas. La protección del inquilino en contra del desalojo fué entonces ilimitada. Incluso parientes cercanos del inquilino podían sucederle como nuevos inquilinos con la misma vivienda y bajo las mismas condiciones. Con relación a los costes de alquiler, la ley establecía incrementos fijos y únicos en el pago del alquiler para pisos que habían sido arrendados antes de 1939, así como la congelación de las rentas de los nuevos contratos.

La alta regulación del sector dificultaba a los propietarios la obtención de beneficios, lo que acabaría desincentivando tanto el mantenimiento de viviendas como la construcción de otras nuevas. En consecuencia, la calidad de las mismas se deterioró notablemente y la oferta de nueva construcción continuó escaseando.

En los años cincuenta, el gobierno reconoció la necesidad de cambiar de postura. “Queremos un país de propietarios, no de proletarios”, había dicho el ministro de vivienda de Franco en el año 1957.

En este contexto, el gobierno incentivó a los propietarios para que vendiesen sus propiedades a un bajo precio. Las ventas se dispararon siguiendo la ley sobre propiedad horizontal. Lo que en América se había llamado condominium. Así lo escribieron la economista Anna Cabré y Juan Antonio en 2004:

La ley creó una base legal para la inversión masiva en nuevas construcciones que serían vendidas como pisos y apartamentos individuales. Los movimientos migratorios hacia la ciudad, el crecimiento del empleo, la práctica ausencia de normas y ordenación del suelo y la desorbitada inflacción hicieron el resto. Los nuevos residentes procedentes del rural se trajeron sus ahorros y los invirtieron en “ladrillo”. Las familias de jóvenes parejas pudieron comprar baratos y pequeños pisos en las nuevas áreas residenciales. Las familias de matrimonios de edad media dejaron los centros históricos y mejoraron su nivel de vida por medio de la adquisición de nuevos y mejores pisos. Igualmente, la estabilidad laboral y salarial ayudaron a pagar las hipotecas. En cuestión de años, ser propietario de una vivienda se había convertido en el objetivo de la mayoría de los españoles.

Cabe destacar que Reino Unido también llevó a cabo un programa similar durante los años de Margareta Thatcher. El objetivo no era otro que convertir en dueños a los inquilinos de las decrépitas viviendas sociales de propiedad estatal. Pero esto, no obsante , no condujo a que la mayoría de los británicos residiesen en pisos – ver el segundo gráfico más arriba.

Por otro lado, para entender las particularidades del mercado español de la vivienda es necesario detenerse por un segundo en la política económica del régimen de Franco en términos generales. Durante las dos primeras décadas posteriores a la guerra civil Franco intentó gobernar el país como si de una entidad económica independiente se tratase, es decir, cerrado al comercio – una autarquía. En un sistema de estas características y dominado por el gobierno, el uso de la tierra agrícola era de suma importancia. Por este y otros motivos el crecimiento de las ciudades fué de alguna manera cercado por parte de los planificadores urbanos con el fin de preservar el uso agrícola de las tierras situadas en la proximidades de la ciudad. En consecuencia, “En España se ha favorecido una urbanización compacta y densa”, tal y como Módenes, profesor de geografía humana de la Universidad Autónoma de Barcelona, hizo saber a Quartz por medio de un correo electrónico.

La planificación “de arriba hacia abajo” dió lugar a un tipo de construcción urbana con una densidad relativamente alta y, a menudo, efectuada por empresas políticamente bien situadas durante el boom de la construcción que tuvo lugar desde la década de los sesenta hasta el final de los setenta.

“Las urbanizaciones y complejos residenciales con más de 1.0000 viviendas fueron el modelo dominante” escribió en 2004 el académico de Harvard Eric Belsky y su colega Nicolas Retsinas en un artículo sobre el mercado español de la vivienda. Dichas urbanizaciones vendrían a substituir muchos de los barrios de chabolas que se desarrollaron cerca de ciudades como Barcelona y Madrid a finales de 1940 y principios de 1950.

Y así es como nace la ciudad moderna española. Por lo tanto, y dado su origen autocrático, resulta difícil sostener que los españoles hayan escogido vivir en pisos o apartamentos desde un punto de vista histórico. Si bien, todo parece indicar que dicha opción sigue siendo vista como la más conveniente a día de hoy. Los españoles no gastan más que la media en vivienda – aproximadamente el 20% de su renta disponible- mientras que el 94% dice estar satisfecho con el lugar donde reside actualmente, uno de los ratios más altos en la OCDE y muy por encima del 87% de media.

De hecho, algunos argumentan que los españoles podrían estar, si es que lo están algo, demasiado cómodos permaneciendo en sus actuales casas, ya que, el alto procentaje de propietarios de vivienda tiene como contrapunto una baja mobilidad laboral. Esto, sumado a otros factores, podría estar condiconando el acceso a determinados puestos de trabajo no circunscritos al área de residencia. Y eso, en definitiva, estaría afectando aún más a la maltrecha economía española.

___

Traducido del inglés al español por Xaquín S. Pérez-Sindín López. Publicado en http://www.ssociologos.com. Fuente original: Matt Phillips, Octubre 14, 2014. Quartz.

Carta aberta aos círculos escépticos e ao cientificismo

Nos últimos días estiven a debatir en facebook sobre os factores que condicionan a saúde das persoas a raíz deste interesante artigo sobre o cáncer en España. Un extenso e rigoroso estudo que representa as diferencias na incidencia de diferentes tipos de cáncer por municipios en toda España. O debate acabou derivando na relación entre líneas de alta tensión e incidencia do cáncer; así como na credibilidade dos chamados círculos escépticos, grupos de persoas cunha visión moi crítica con todo aquilo que non teña demostración científica (especialmente ou quizáis exclusivamente desde as ciencias naturais) En concreto, o debate centrouse en comentar este interesante vídeo sobre a relación entre radiación no ionizante e saúde, imprescindible para entender o resto deste post. O vídeo induce a pensar que en realidade non existe ningunha relación científicamente demostrada entre radiación e saúde, minusvalorando de algunha forma toda visión negativa con determinadas formas de facer política, como a instalación de líneas de alta tensión. Mais o debate debe ser encadrado nun contexto máis amplo.

Non creo que o círculo escéptico esté financiado por ningunha empresa de telefonía nin nada polo estilo. Do que si comezo a estar seguro, máis despois de ver o documental, que o seu discurso ten un profundo sesgo ideolóxico. É certo que teñen un coidado case obsesivo en aparentar obxectividade. Sen embargo, o problema do documental e da visión dominante neste tipo de círculos é a súa visión cientificista da realidade. Trátase dun vello debate dentro do mundo das ciencias naturais e sociais. (Estou pensando sobre todo no grupo de doutorandos en física que sae ao longo do vídeo). O sesgo ideolóxico prodúcese no momento en que parten de que a única fonte de coñecemento válida é a que provén da aplicación de métodos inductivos característicos das ciencias naturais. Esa visión é moi típica entre os científicos naturais pero tamén sociais (as políticas de austeridade se fundamentaron en relacións significativas entre débeda e crecemento. Relacións que á postre se demostraron espúreas). É unha especie de postura que considera que os resultados das investigacións cuantitativas están por riba do ben e do mal (léase tamén esquerda dereita) como se a obxectividade só fose posible grazas a este forma de facer ciencia. É posible que esta visión esté lexitimada cando se trata de experimentos de laboratorio onde o investigador ten baixo control todas as variables, pero presenta enormes limitacións cando se trata de producir coñecemento sobre o home e a sociedade. Decía Bourdieu algo así como que non hai nada máis perverso que pretender ser obxectivo 100%. Se cadra o círculo escéptico e a maioría dos que saen no vídeo non teñen intencións perversas, pero do que estou seguro é que presentan un profundo sesgo ideolóxico (tal vez semi-inconsciente) e un profundo descoñecemento do mundo social (habitual por outro lado). Con isto non trato de despreciar este tipo de estudos (eu mesmo aplico esta metodoloxía) pero sí considero que precisan de máis doses de interpretativismo que non teñen cabida nun modelo estatístico.

Non estou dicindo que exista un sesgo ideolóxico na forma de aplicar o método. O sesgo ideolóxico pode tamén estar condicionado polo plantexamento dunha investigación ou o uso que se faiga dos resultados empíricos. Un exemplo claro e parecido o temos coas enquisas de opinión. É habitual que estas se fagan co maior rigor científico por parte do equipo técnico, sen embargo, ben por mor dun mal plantexamento do problema a investigar ou ben un uso partidista dos resultados acaban por sesgar a investigación. Algo así acontece con ese vídeo e a posición dos circulos escépticos. Non dubido que os que interveñen no vídeo non apliquen o método correctamente. Outra cousa é que despois ditos resultados sexan utilizados como una especie de obxecto arroxadizo por parte de determinados grupos de interés para lexitimar determinadas políticas ou sinxelamente para desprezar abertamente determinados movementos sociais ou protestas veciñais. Claro que a connivencia entre algúns científicos e os grupos de interese ás veces é alta, non o negemos.
Si considero que se debe lexislar despois de ter investigado científicamente o fenómeno en cuestión. Mais o que suxire esta visión “escéptica” é limitar o tipo de coñecemento válido a unha forma moi particular de facer ciencia, como é a que resulta da levar a cabo experimentos propios das ciencias naturais. (X número de casos reais, X número de casos de control. Aplicación de test de significación estatística e interpretación dos datos). O que a miúdo se coñece como positivismo. Postura que levada a extremos pode derivar no que se coñece como cientificismo. Pero un pode criticar esa forma de facer ciencia e seguir sendo científico. Eu considero que abordar o problema do impacto da tecnoloxía na sociedade desde unha perspectiva estrictamente experimental é moi complicado. Claro que é útil. É dicir, dispoñer de datos empíricos é útil e necesario, pero faise necesaria unha visión máis cualitaitiva para entender o problema en toda a súa magnitude. No fondo ten moito que ver coa filosofía de investigación, é dicir, en poñer máis énfase na pregunta de investigación que na propia resposta. Que un físico pase dez anos da súa vida tentando de responder a pregunta “existe relación entre radiación e cancro?” paréceme moi interesante e útil. Pero iso non debe ser utilizado para non impedir que un barrio se encha de antenas de telefonía ou liñas de alta tensión. O mesmo acontece coas minas a ceo aberto. Tamén á habitual escoitar voces “cientificistas” dicindo que non existe unha relación entre uso de cianuro e contaminación das augas e cousas polo estilo. O mesmo sucede co tema do fracking, coas centrais térmicas, nucleares, etc. E porque creo que este tipo de investigacións non deben ser determinantes? Pois porque existen outras formas de facer ciencia que, insisto, son máis áxiles á hora de analizar o problema. Que formas? Diferentes formas en canto ao plantexamento das investigacións. A pregunta non sería só “existe relación entre cancro e radiación”, tamén sería “relación entre cancro e falta de zonas verdes nas urbes galegas”, por poñer un exemplo. E diferentes formas de investigar en canto ao que se entende por impacto das tecnoloxías. Aquí os científicos sociais e, en particular os sociólogos, temos moito que dicir. Pode non existir unha relación directa entre minas a ceo aberto e casos de cancro. Sen embargo, o impacto social que provocan poden, a longo prazo, derivar nunha maior incidencia do cancro. Pero isto tamén é difícil (ás veces imposible) de entender para determinados científicos naturais. Sobre todo cando se descoñece o significado de conceptos como Gemeinschaft, habitus, interacción simbólica, cohesión social, xentrificación etc. Ou quizáis non sexa tan difícil porque, pola miña experiencia, os científicos sociais adoitan ter menos pedantería e máis pedagoxía á hora de explicar determinados conceptos. Supoño que é unha forma de manter o status quo das “ciencias duras”. Pero a realidade é que o desenvolvemento tanto teórico como empírico nas ciencias sociais permite falar dunha forma de facer ciencia tan sofisticada como as ciencias naturais. Así é que existen moitas voces que claman por unha menor separación de ambas. O vello debate de ciencias duras e blandas, ou letras e ciencias é xa bastante espúreo.